La obra de Armando Tejuca se debate dentro de los límites de una confusión referencial y atemporal fuera de cualquier coordenada previsible. Tejuca le ha dado la espalda a locomotora de Witman y ha continuado su viaje —que no debe ser otro que la vocación por una huella— desde su exilio interior más allá de la Isla o Hialeah. Artista de sugerente fidelidad, a sus maestros de la secession vienesa y al trabajo en grandes series, transita en esta ocasión hacia una línea en que el dibujo y la adición de materiales provenientes de la naturaleza se confabulan en una lectura del tiempo y el espacio le permiten al autor un diálogo constante con la esencia de un pasado casi intangible. Un pasado que subyace en la relación de la cualidad de estos materiales (papiros, flores, tinta china, hojas secas) o en el carácter iconográfico de cada pieza.
Viendo el arte de Tejuca he visto desfilar “circos del firmamento”, sueños tropicales, peloteros inasibles, músicos improbables y ahora mujeres etéreas y lejanas como reliquias…, pero también he visto —citando sus propias palabras, a quien si no le basta el soporte desde el que monologa la plástica, echa a mano a la poesía, aquella que se escribe y padece: un gesto, una columna, un soplo…, una posibilidad… He visto simplemente cruzar, casi de soslayo, la vida de un hombre.
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Por Armando Tejuca
Actualmente me encuentro trabajando (elaborando) una nueva serie de cuadros (imágenes) que parten de la relación de la figura humana con elementos propios de la naturaleza. Por muchos años me he interesado por el tiempo y la materia, sobre cómo moldear la materia para lograr sensaciones o cómo anticipar o traspasar el tiempo que nos ha tocado vivir. Mi intención es reflejar un estado de bienestar visual y dejar un recuerdo. Quizás en forma de líneas, manchas, pedazos de materia que puedan causar el Déja Vú de nuestro anterior estado. He recurrido al uso de hojas naturales, mezclando diferentes tipos de materiales para hacer texturas que narren el paso del tiempo y nos hagan saltar la vista desde la figura inicial hasta los detalles del fondo, una serie de capas van superponiendose al igual que velos, al igual que redes, niveles, lecturas. Como si fuese una copulación de sucesos, una sucesión de escamas, de años vividos, en definitiva nuestra vida. A veces agrego la luz proveniente de focos eléctricos que alumbran desde atrás provocando un efecto de vitral. Uso también papiros, papeles de la india hechos con arroz y flores, tintas chinas, laminas de oro, hojas secas. Materiales todos muertos pero avivados y cargados de energía por las imagenes. Tal cual nuestras vidas. Marcas en las texturas del tiempo.
Esos árboles que se marchitan o resplandecen de vigor esos ríos que brotan o desaparecen en su espiral de afluentes esas aves que avanzan, huyen el sol que suprime la lluvia que abarca